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La importancia de las rutinas y los límites en la educación de mis hijos

Cada vez me doy más cuenta de lo importante que es que los niños tengan rutinas y límites en casa, ellos además nos lo agradecen y les parece raro cuando van a casa de amigos y hacen lo que quieren sin que sus padres digan nada. Es curioso, cómo va calando en los niños la educación que les damos y les parece raro cuando algún niño está muy “asalvajado”, mi peque no entiende cómo lo padres no le dicen nada ni le castigan. Me hace gracia cuando me dice que prefiere cómo lo hago yo 🙂 Leer más

Técnicas disuasivas para imponer límites a los niños

Han comenzado las clases y con ellas, la vuelta a la rutina. Más de un papá y mamá seguro que se embarcan en nuevas discusiones para imponer esa necesaria disciplina tras la relajación de las vacaciones. Por ello, los límites deben aplicarse siempre, sin rupturas a causa de la estacionalidad.

Como os comenté en mi anterior post, la supernanny Jo Prost nos recomienda varias técnicas encaminadas a imponer esos límites tan deseados para que nuestros hijos se comporten adecuadamente. Una de estas técnicas es la de la implicación, que suele resultar altamente beneficiosa con los niños pequeños para zanjar cuestiones relacionadas con los celos. Mantener a los pequeños entretenidos mientras realizas alguna labor en casa puede ser factible durante un tiempo pero no el que justamente necesitas. A los pequeños les encanta ayudar en las labores así que cuando comiencen los problemas, lo mejor es involucrarle para que te ayude a lavar verduras, hacer la cama o emparejar calcetines entre otras tareas. “Esta técnica te permite seguir prestando atención a tu hijo comentándole lo que estés haciendo en un momento dado. Una parte importante es el elogio. Agradece a tu hijo su esfuerzo y dile lo bien que lo estás haciendo y lo mucho que te está ayudando”, afirma Prost.

Mama regañandoLa técnica del aislamiento consiste en aislar al niño durante unos minutos para que se tranquilice y reflexione sobre su mala conducta. Se trata de enseñar al niño que un comportamiento inadecuado conlleva esa consecuencia, de esta forma, la situación se relaja y tú dispones de un espacio neutral. El lugar puede ser una habitación vacía, un rincón o un peldaño de la escalera, pero nunca su propia habitación. Procura que no se distraiga con nada para que este castigo surta el efecto deseado.

Hay una tercera técnica que según Prost, es la más exitosa y es “a la próxima te vas fuera”. No obstante, en algunos casos, si el niño es mayor o el mal comportamiento está más arraigado, puede que tengas que probar otras opciones. Si la técnica del aislamiento no funciona, “puede ser porque el niño aún esté deleitándose con la atención que recibe, aunque sea negativa”. La técnica “a la próxima te vas fuera” puede romper esta pauta porque le enseña que el mal comportamiento no le garantiza tu atención en absoluto. No la utilices directamente porque si no, tu hijo pensará que lo estarás ignorando y continuará portándose mal para llamar tu atención.

Prost recomienda para la técnica “a la próxima te vas fuera” lo siguiente:

–      No hay advertencias verbales. Cuando el niño se porte mal, sácalo de la habitación. No habitación. No es necesario que lo lleves a ningún sitio especial, simplemente apártalo de ti. Dile que su comportamiento es inaceptable y que vuelva cuando esté preparado para portarse bien.

–      Si vuelve a la habitación para desafiarte, vuélvelo a sacar. No le prestes atención y dile: “No me interesa”. Evita el contacto visual.

–      Usa el control de la voz. Dile: “Por favor, sal de la habitación”, en voz baja y autoritaria, para no tener que sacarlo personalmente de la habitación siempre que vuelva.

–      Continúa con esta actitud hasta que te diga lo que siente. Esto sucederá más a menudo de lo crees. Privar de atención a un niño que está acostumbrado a tenerla por su mal comportamiento siempre es una verdadera sorpresa para él.

–      Cuando se haya disculpado, elógialo y pídele que vuelva a unirse al juego.

 

FDO: Olga Quintanilla, periodista y madre.

Cómo establecer límites con los hijos

La disciplina es esencial para desenvolvernos adecuadamente en las distintas parcelas que rigen nuestra vida, pero esta habilidad debe aprenderse desde pequeño. De ahí, la importancia que supone plantearnos en qué medida somos estrictos con nuestros hijos. Hay una afirmación en la que muchos psicólogos infantiles están conformes y es que los padres pierden la autoridad cuando ceden para convertirse en colegas de sus hijos. Así que lo correcto será encontrar el punto de equilibrio para ser cariñosos con ellos pero también firmes cuando la situación lo exija.

Según la especialista en educación infantil, Jo Frost, es erróneo pensar que nuestro hijo nos querrá menos porque le impongamos una disciplina: “Quienes piensen que la disciplina es sinónimo de castigos severos se equivocan. La disciplina consiste en enseñar a tu hijo cómo comportarse y ponerle límites. Conlleva elogios y palabras de ánimo como firmeza y control”.

limites a los niños

 

Uno de las primeras normas a considerar es la forma de hablar con nuestros hijos. Y lo recomendable es generalizar, no utilizar frases largas o complicadas, y ante todo, exagerar los gestos. Los niños asimilan el conjunto que implica el tono de voz, el lenguaje corporal y la inseguridad o angustia que expresemos en el momento de la riña. La voz de la autoridad como lo denomina Frost, se exhibe acercándote a tu hijo cuando no esté junto a ti para evitar gritos desde otra habitación; situarnos a su altura para mantener un contacto visual con él; sujetarlo por los brazos para evitar que salga corriendo y si nos da la espalda, pedirle que nos mire; no utilizar un tono amenazador sino grave, firme y autoritario que no muestre enfado ni menosprecio ni negociación. Y por supuesto, decirle lo que ha hecho mal con calma y firmeza como por ejemplo: “Pegar no está bien. No se pega a la gente. No quiero que vuelvas a hacerlo, por favor”. Es importante dejar claro que “lo que está mal es el comportamiento, no que el niño sea malo”, apunta Frost.

Y, ¿qué dice la voz de la aprobación? Los elogios también forman buena parte de la disciplina. “Cuando el buen comportamiento no recibe la atención debida, el niño prueba con lo que sabe que seguro que si da resultado”, dice Frost así que no escatiméis elogios y emplear un tono elevado para expresar vuestra alegría por ese buen comportamiento.

A la hora de reprender, la expresión verbal debe ajustarse a unos parámetros como no chillar y utilizar la voz de la autoridad para el mal comportamiento; hablar en positivo; no ser bruscos ni dar órdenes a destajo pues la resistencia estará asegurada; no aplicar etiquetas a nuestro hijo; ser atentos y hablar con educación; no responderle con gritos; no recurrir a los tratos cuando existan rabietas y huir de las comparaciones con los hermanos ni hablar de él desfavorablemente delante de otras personas. Así qué, ¡mucho ánimo!

Próximamente os contaré algunas técnicas disuasivas para corregir el mal comportamiento recomendadas por la “supernanny” Frost.

poner limites

 

A continuación, os expongo 10 consejos de Charles E. Shaefer Ph. D., profesor de Psicología y director del Centro de Servicios Psicológicos en la Universidad de Fairleigh Dickinson:

–          Ser objetivos a la hora de solicitar algo a los niños. Frases cortas y órdenes precisas.

–          Facilitar opciones ante situaciones de rutina.

–          Aplicar firmeza en las órdenes que les impongamos. Ej.: “Vete a tu habitación ahora” y no “¿por qué no te llevas los juguetes fuera de aquí?”

–          Acentuar lo positivo.

–          Guardar distancias. Ej.: “Son las nueve, hora de acostarse” y no decir, “quiero que te vayas a la cama”. Así el conflicto será entre el niño y el reloj.

–          Explicar el por qué de los malos comportamientos.

–          Sugerir alternativas. Ej.: “No te doy una galleta antes de cenar. Te puedo dar un helado después de la cena”.

–          Firmeza en el cumplimiento de las rutinas.

–          Desaprueba la conducta, no al niño.

–          Controlar nuestras emociones.

“Cuanto más expertos nos hacemos en fijar los límites, mayor es la cooperación que recibiremos de nuestros niños y menor la necesidad de aplicar consecuencias desagradables para que se cumplan los límites. El resultado es una atmósfera casera más agradable para los padres y los hijos”, afirma Shaefer.

 

FDO: Olga Quintanilla, periodista y madre.