¡Dilo bien!

– El Pego.

– ¡Así no es!, dilo bien, perrrrrrrro.

 Pego.

Casi seguro que hemos escuchado algo muy parecido, si no somos nosotros mismos los que en alguna ocasión, hemos corregido a un niño de esta manera.

Con más frecuencia de la que pensamos, y casi siempre sin darnos cuenta, tendemos a corregir al niño cuando no pronuncia correctamente una palabra, dice mal una palabra o frase. Nuestra intención es ayudarle, pero puede que el resultado sea diferente al que buscamos conseguir.

“¿Entonces es malo hacerlo así? Yo pensaba que así ayudo al niño y le enseño a decirlo sin errores”. Como es lógico, la intención siempre va a ser buena. Nadie quiere perjudicar a un niño en proceso de aprendizaje, pero como ya os he dicho en el párrafo anterior, a veces, sin darnos cuenta, acabamos haciéndolo.

Corregir al niño puede ser un arma de doble filo. Puede que sirva para que el niño se dé cuenta de su error y pueda corregirlo o puede ser algo negativo y que no le ayude para nada, e incluso pueda crearse un problema donde no lo hay. ¿Es mejor entonces no corregir? No, pero hay que saber cómo hacerlo, para ayudar al niño realmente.

Los padres, en los primeros años de vida, sois el principal modelo para vuestros hijos. Las conductas que realicéis, serán las que los niños traten de imitar, ya que para ellos, sois una fuente de aprobación y seguridad, y por lo tanto, si queremos que aprendan adecuadamente, esas conductas no pueden ser de cualquier tipo. Y esto es extensible a cualquier aspecto del desarrollo del niño, no sólo al del lenguaje.

 

¿Cómo lo hago?

Al corregir al niño, nuestro lenguaje ha de ser adecuado a su edad y sin errores, ya hablamos en un artículo anterior sobre cómo dirigirnos a los niños pequeños. Cuando lo hagamos, tenemos que ser un buen modelo para ellos, con un lenguaje bien articulado, palabras y frases adecuadas a su desarrollo lingüístico, un tono de voz cariñoso y positivo, mirando a los ojos y sin gestos raros (las expresiones faciales son muy importantes, así como no mover mucho las manos y los brazos o hacer aspavientos).

 

Lo más importante es que el niño no crea que nuestra “corrección” es algo negativo, que le estamos regañando por su error (que por otra parte probablemente no sabe que comete y por tanto no sabe por qué le regañamos) o que estamos enfadados por que no es capaz de hacerlo “bien” y nos defrauda, algo que le hará, además, sentirse culpable.

 

Al mismo tiempo, hay que ser muy cuidadoso, ya que puede interpretar que lo que hace es positivo para él, ya que le prestamos más atención, estamos más pendientes de lo que dice, que supone un refuerzo para él y repetirá “conscientemente” el error, y lo que conseguiremos es que haya un problema donde antes no lo había y que probablemente será más difícil de reeducar ya que estará más automatizado.

 

Por todo lo anterior, hay que evitar gritar al niño, insultarle o menospreciarle. Nunca hay que perder los nervios. Como ya hemos dicho antes, somos su modelo, y mal ejemplo vamos a dar si ante el más mínimo contratiempo no tenemos paciencia y respondemos de esta manera.

Os pongo unos ejemplos, que siempre son más ilustrativos y fáciles de comprender:

 

El primer ejemplo, es el de un niño, que aún no es capaz de producir un determinado fonema:

Un toche.

Si, es un coche, y es muy bonito y rojo. ¿Cómo me has dicho que se llama? (o también preguntarle ¿Entonces esto es un coche rojo o azul? Siempre dependiendo de la edad y nivel madurativo del niño por supuesto).

coche rojo

En este caso, nunca hay que hacerle repetir la palabra, si acaso, con preguntas como ya hemos visto, pero sin que nos importe si lo hace bien o mal. No llega a ser realmente ni una corrección explícita. Si no puede producir el fonema, “milagrosamente” no lo va a hacer un instante después. Lleva su proceso, en el que no hay que agobiarle ni agobiarse. Lo importante es que escuche el modelo correcto y que lo vaya asimilando poco a poco. Puede que no sea capaz de articular porque aún está en proceso de adquisición de ese fonema o porque simplemente aún no puede.

 

Segundo ejemplo, el de un niño que sí es capaz de producir un determinado fonema o grupo consonántico correctamente, pero de vez en cuando comete algún error.

Un libo.

Claro que es un libro, venga ahora vamos a decirlo los dos despacito, liii-brrro. (como si fuera un juego, nunca como una imposición y al acabar reforzarle adecuadamente pero sin exageraciones, siempre del modo más natural posible).

 

Puede ser que el niño vuelva a cometer el error cuando le hagamos la pregunta y nos responda o cuando repita con nosotros, pero no hay que perder la calma, ni volver a hacer la pregunta ni que lo repita muchas veces hasta que le salga. Imaginaros las consecuencias si le decimos algo de lo que ya hemos comentado anteriormente (“Eres muy torpe”, “Dilo bien de una vez”, “Venga repítelo hasta que te salga bien que tu prima ya lo dice perfectamente”). Por el contrario si lo hacemos de un modo diferente, en el que le corregimos, le ampliamos información y además le hacemos que repita, pero sin presionarle y sin que él vea algo negativo en tener que hacerlo, las consecuencias van a ser muy diferentes.

 

Tercer ejemplo, sería cuando al decir una frase, faltan elementos:

En esta situación, se le repite la misma frase que ha dicho pero introduciendo esos elementos que ha omitido. (Es importante hacerlo siempre, pero sobre todo cuando el niño por su desarrollo, debería producir oraciones con mayor número de elementos).

 

Gusta coche.

– Claro, a mí también me gusta el coche. Tiene unos colores muy bonitos. ¿Qué es lo que te gusta de color rojo?

 

Espero que os sean de utilidad estas breves directrices, y ante cualquier duda, siempre es conveniente consultar con el profesional. Y en caso de estar el niño asistiendo a terapia logopédica, lo más recomendable es que sea el propio logopeda el que os aconseje cómo hacerlo, ya que conocerá las dificultades específicas del niño y sabrá qué es lo mejor a la hora de corregirle.

 

FDO: Samuel Arroyo, Diplomado en Logopedia y Psicólogo Clínico

 

 

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2 opiniones en “¡Dilo bien!”

  1. Yo sigo los consejos al pie de la letra. Mi hija comenzó en el cole este año, y todo lo bien que hablaba lo perdió. Ahora dice “aver” en vez de “ver”, y los tiempos verbales los cambia, que sé que es normal, pero es que antes no lo hacía!!

    1. Marta, los niños son como esponjas, y repiten todo lo que oyen, por eso es tan importante que les hablemos bien tanto en la forma como en el contenido. Lo que comentas es normal, poco a poco volverá a hablar correctamente. Un abrazo

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