La importancia de las actividades extraescolares

Termina el cole, y…. tu peque tiene: ¿Futbol? ¿Ballet? ¿Natación? ¿Inglés? ¿Piano? ¿Karate?  ¿Patinaje? ¿Ajedrez? ¿Pádel? ¿Informática?

Hoy en día los niños cada vez tienen más programado su tiempo libre por numerosas actividades extraescolares.

Desde la Unidad de Pediatría de Hospital Quirón recomiendan que estas actividades no se conviertan en obligaciones en las que exista un nivel importante de exigencia para ser los mejores y tener que esforzarse al máximo.

Deben ser apropiadas para cada grupo de edad y no impedir que los niños tengan tiempo para jugar y descansar, y que no se conviertan en una obligación día tras día.

Como nos aconseja la Dra. Mª Luisa Mompó, especialista en Salud Mental Infantil de la Unidad de Pediatría de Hospital Quirón, “deben de ser motivo de relajación para los pequeños y no una excusa para tenerlos entretenidos los padres; Deben de favorecer las relaciones con otros niños, el ejercicio físico, aprender cosas nuevas y no ser el objetivo ni la intención, conseguir los mejores resultados y competir. Nunca hay que obligarles a ir en contra de su voluntad. Deben de ser una motivación, un divertimento para ellos y no que lo vean como una obligación o castigo.”

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La Dra. Mompó propone qué tipo de actividad es más adecuada para cada edad:

–       Menores de cuatro años: será suficiente con que los llevemos al parque, que pinten en casa, jueguen y dejen libre su imaginación.

–       A partir de los cuatro años la danza para la expresión corporal, la natación que favorece la psicomotricidad, el dibujo o la música para potenciar su creatividad y la comunicación, les ayudará a aumentar la confianza en sí mismos.

–       En la etapa escolar, mayores de seis años, son beneficiosos los deportes en grupo para que aprendan normas, a trabajar en equipo, al mismo tiempo que favorezcamos la coordinación y la psicomotricidad: fútbol, ballet, gimnasia rítmica, baloncesto…”

 

FDO: Unidad de Pediatría de Hospital Quirón

 

 

Depresión postvacacional también en niños

Ya está aquí la vuelta al cole y aunque la mayoría de los niños lo afrontan con nervios y con ilusión, los hay que también sienten el fin de las vacaciones de verano y como los mayores sufren una depresión postvacacional.

Los especialistas de la Unidad de Pediatría de Hospital Quirón Valencia  nos cuentan como en los primeros días de colegio los niños pueden presentar alteraciones transitorias como cansancio, ansiedad, decaimiento e incluso depresión y recomiendan una adaptación progresiva a los nuevos horarios una semana previa a la vuelta al cole para evitar la aparición de estos trastornos.

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Etapa de transición

Los ritmos de vigilia y sueño, al igual que otros ritmos biológicos, necesitan unos días para adaptarse a las nuevas circunstancias y horarios. Este periodo de adaptación suele ser más difícil en los niños tras las vacaciones y su incorporación a las rutinas escolares. En esta etapa transitoria, que suele durar más o menos una semana, los niños pueden presentar diferentes trastornos psíquicos como: cansancio, apatía, tristeza, decaimiento, ansiedad, falta de concentración e incluso en casos extremos, depresión, con irritabilidad y agresividad asociadas.

Para evitar la aparición de estos trastornos, el Dr. Gonzalo Pin, Jefe de la Unidad de Pediatría y la Unidad del Sueño de Hospital Quirón Valencia, recomienda:

 

Decálogo para la vuelta al cole

Los especialistas de la Unidad de Pediatría de Hospital Quirón han elaborado el siguiente decálogo para ayudar a los padres con la vuelta al cole:

  • Adaptarse de forma progresiva al horario escolar una o dos semanas antes del inicio del curso; establecer la hora de irse a dormir y de levantarse, porque de esta forma evitaremos que vayan cansados el primer día de clase. Para ello iremos adaptando todos los ritmos del niño al nuevo horario adelantando, cada 3 días aproximadamente todas las acciones como el levantarse, desayunar, comida, cena y la hora de acostarse, de manera que iremos haciendo una adaptación progresiva al nuevo horario típico de la etapa escolar”.
  • Cumplir los horarios incluso los fines de semana.
  • Aprovechar las vacaciones para instaurar un hábito tan saludable como es el desayuno en familia, con tiempo suficiente, fomentando el diálogo y compuesto por lácteos, cereales y fruta. Un desayuno adecuado contribuye a mejorar el rendimiento físico y mental.
  • Preparar con ellos el material escolar, comprar los libros, forrarlos, preparar el uniforme o la ropa escolar, la mochila…
  • Ayudarles con el repaso de los deberes estivales, siempre reforzándoles y elogiándoles en sus logros.
  • Hablarles de las cosas positivas que implica el inicio del nuevo curso, como encontrarse con sus amigos, conocer niños nuevos, aprender cosas, excursiones…
  • Escucharles, responder a sus preguntas, inquietudes y miedos. Darles confianza y apoyo. Para ellos es un reto y una nueva situación a la que tienen que enfrentarse.
  • Podemos realizar por las tardes actividades físicas, en vez de que estén viendo la Tv o jugando en el ordenador, como ir al parque, montar en bici, patinar… De esta forma liberan el estrés y eliminan de sus mentes las preocupaciones y  miedos.
  • Acompañarles el primer día de colegio, siempre haciendo el momento de la separación nada traumático y corto en el tiempo. Es importante también el recogerles, siendo puntuales y mostrándonos alegres, interesándonos por todo lo que nos cuentan sobre su experiencia.
  • Nunca trasmitirles nuestra ansiedad, miedos y pereza a la hora de tener que volver a nuestros respectivos trabajos.

 

 

FDO: Unidad de Pediatría, Hospital Quirón Valencia

 

Cuidados en época de calor: Hidratación en Bebés

Con la llegada del calor y la consiguiente subida de temperaturas los niños pequeños y especialmente los bebés, se ven  expuestos a sufrir golpes de calor, quemaduras solares y deshidrataciones;  por ello y dada la mayor permanencia al aire libre en esta época, es importante extremar las precauciones frente a las radiaciones solares y el aumento de las temperaturas, tomando medidas que nos ayuden a prevenir sus efectos nocivos.

Los recién nacidos alimentados con leche materna no suelen necesitar un aporte extra de líquidos. Las madres que opten por la lactancia materna deberán ofrecer a sus bebés el pecho de manera frecuente, especialmente en momentos de calor, ya que les aporta el agua, las sales minerales y los nutrientes necesarios para alimentarse de modo correcto y evitar la deshidratación.

Cuando los bebés se alimenten con lactancia artificial, se recomienda suplementar el  aporte de líquidos habitual con agua mineral, ofreciéndola entre tomas y sin forzar la ingesta. Se debe cuidar la correcta preparación de los biberones de leche adaptada para evitar su excesiva concentración y garantizar así un aporte nutricional e hídrico adecuados.

Los lactantes pequeños  suelen presentar frecuentemente problemas gastrointestinales en época estival, otra  fuente de pérdida de líquidos, por lo que en el momento que se detecten  signos de deshidratación en el bebé (irritabilidad, llanto o sequedad de mucosas) es importante comenzar inmediatamente a rehidratarle, si fuera necesario con suero de rehidratación oral y consultar con el pediatra.

Los lactantes son propensos a sufrir golpes de calor, por lo que además de asegurar la ingesta de líquidos necesaria, es importante evitar la exposición prolongada al sol en las horas centrales del día. Se debe buscar un lugar fresco y a la sombra para proteger los bebés de los rayos solares y vestirlos con ropa preferiblemente de algodón o fibras naturales, clara, ligera y que cubra sus brazos y sus piernas. También se debe utilizar un gorro o un sombrero para proteger su cabeza y su cara.

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Es importante también, mantener hidratada la piel del bebé, debido a que es más fina e inmadura que la de los adultos y el riesgo de efectos negativos del sol es mayor (quemaduras, insolaciones…). Por esta razón, conviene hidratar diariamente su piel mediante productos que contengan principios activos humectantes y emolientes, especialmente en niños con piel seca y atópica.

Se debe aplicar crema de protección solar adecuada a la edad y a las características del bebé o niño, insistiendo en las zonas más sensibles de su piel y más fácilmente expuestas, como la nariz, nuca, orejas y manos y renovando su aplicación con frecuencia.

Los ojos de los bebés son más sensibles a las radiaciones solares que los de los adultos y por ello deben también utilizar gafas de sol para proteger sus ojos de las radiaciones solares. Las lentes deben estar homologadas y los cristales filtrar al menos el 90% de los rayos UVA y UVB.

 

FDO: Inmaculada Bodegas y Fernando Cabañas, Departamento de Pediatra y Neonatología,

Hospital Universitario Quirón Madrid, Hospital Quirón San José