Las aventuras de Sara y Manuel

Una tarde de verano….

-Mamá, ¿Puedo salir al jardín a jugar? ¡Quiero explorar!- Le preguntó Manuel a su madre.

-Sólo si sacas a tu hermana y cuidas de ella.

– ¡Sara! -gritó Manuel- ven conmigo que vamos al jardín, serás mi ayudante.  Coge tu mochila y vamos a camuflarnos un poco Sara. Nos pintaremos la cara para que no se nos reconozca.

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-Mamá, ¿Dónde está la pintura de dedos? No la veo.

-Se han terminado, cariño. Esta semana pido más.

-Lo siento Sara, tendremos que ir con la cara al descubierto.

Manuel  metió algunas cosas en su bolsa  para preparar su pequeña aventura y  otras cuantas en la bolsa de su hermana.

-Ven Sara, ponte detrás de mí y no te separes. Puede ser peligroso. De todas formas, por si te pierdes, voy a colgarte este cascabel, así  por el sonido siempre sabré donde estás, lo vi en una peli de aventuras.

Samuel sacó de su mochila unos prismáticos y miró a lo lejos, hacía donde estaba el seto que les separaba de la casa de su vecino.

-¡Sara, cuidado! Veo algo grande y peligroso. Quizás sea mejor  que pidamos ayuda. Saca mi móvil de tu bolsa.

Manuel marcó un número de teléfono y habló con la patrulla de rescate, les dijo que vinieran preparados, un monstruo  estaba al otro lado  del bosque. Tendrían que capturarlo.

A medida que se acercaban al monstruo Manuel se ponía cada vez más nervioso. Se le ocurrió una idea, sacaría su espejo y con los rayos del sol podría deslumbrar a aquel ser grande y misterioso.

– Que suerte que veo la serie de aventuras en el bosque- dijo Manuel en voz alta.

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Ya estaban cerca, Sara le había agarrado de la camiseta y tenía miedo.  De pronto una nube oscura cubrió el sol y el espejo dejó de serle útil a Manuel.  Buscó en su bolsa una cuerda o algo para capturar aquel bicho  pero lo único que le quedaba era su flauta. Pensó en Hamelin, si él pudo llevar a los ratones fuera  del pueblo, él podría sacar aquel monstruo de su jardín.

-Chicos, está empezando a llover, entrad en casa- gritó mamá desde la puerta.

-Mami, no te vas a creer lo que había en el jardín, ¡un Dinosaurio que venía a por nosotros!

-Venga chicos, es hora de hacer un puzzle mientras preparo la cena. Mañana salís otra vez. ¿Lo habéis pasado bien?

-Genial mamá, nos encanta jugar a los exploradores.

Y Sara, que también lo había pasado muy bien, decidió que prepararía a su hermano una taza de chocolate.

 

 

Y tus hijos ¿Utilizan la imaginación para jugar?

 

FDO. Cristina Rodrigo