Cómo establecer límites con los hijos

La disciplina es esencial para desenvolvernos adecuadamente en las distintas parcelas que rigen nuestra vida, pero esta habilidad debe aprenderse desde pequeño. De ahí, la importancia que supone plantearnos en qué medida somos estrictos con nuestros hijos. Hay una afirmación en la que muchos psicólogos infantiles están conformes y es que los padres pierden la autoridad cuando ceden para convertirse en colegas de sus hijos. Así que lo correcto será encontrar el punto de equilibrio para ser cariñosos con ellos pero también firmes cuando la situación lo exija.

Según la especialista en educación infantil, Jo Frost, es erróneo pensar que nuestro hijo nos querrá menos porque le impongamos una disciplina: “Quienes piensen que la disciplina es sinónimo de castigos severos se equivocan. La disciplina consiste en enseñar a tu hijo cómo comportarse y ponerle límites. Conlleva elogios y palabras de ánimo como firmeza y control”.

limites a los niños

 

Uno de las primeras normas a considerar es la forma de hablar con nuestros hijos. Y lo recomendable es generalizar, no utilizar frases largas o complicadas, y ante todo, exagerar los gestos. Los niños asimilan el conjunto que implica el tono de voz, el lenguaje corporal y la inseguridad o angustia que expresemos en el momento de la riña. La voz de la autoridad como lo denomina Frost, se exhibe acercándote a tu hijo cuando no esté junto a ti para evitar gritos desde otra habitación; situarnos a su altura para mantener un contacto visual con él; sujetarlo por los brazos para evitar que salga corriendo y si nos da la espalda, pedirle que nos mire; no utilizar un tono amenazador sino grave, firme y autoritario que no muestre enfado ni menosprecio ni negociación. Y por supuesto, decirle lo que ha hecho mal con calma y firmeza como por ejemplo: “Pegar no está bien. No se pega a la gente. No quiero que vuelvas a hacerlo, por favor”. Es importante dejar claro que “lo que está mal es el comportamiento, no que el niño sea malo”, apunta Frost.

Y, ¿qué dice la voz de la aprobación? Los elogios también forman buena parte de la disciplina. “Cuando el buen comportamiento no recibe la atención debida, el niño prueba con lo que sabe que seguro que si da resultado”, dice Frost así que no escatiméis elogios y emplear un tono elevado para expresar vuestra alegría por ese buen comportamiento.

A la hora de reprender, la expresión verbal debe ajustarse a unos parámetros como no chillar y utilizar la voz de la autoridad para el mal comportamiento; hablar en positivo; no ser bruscos ni dar órdenes a destajo pues la resistencia estará asegurada; no aplicar etiquetas a nuestro hijo; ser atentos y hablar con educación; no responderle con gritos; no recurrir a los tratos cuando existan rabietas y huir de las comparaciones con los hermanos ni hablar de él desfavorablemente delante de otras personas. Así qué, ¡mucho ánimo!

Próximamente os contaré algunas técnicas disuasivas para corregir el mal comportamiento recomendadas por la “supernanny” Frost.

poner limites

 

A continuación, os expongo 10 consejos de Charles E. Shaefer Ph. D., profesor de Psicología y director del Centro de Servicios Psicológicos en la Universidad de Fairleigh Dickinson:

–          Ser objetivos a la hora de solicitar algo a los niños. Frases cortas y órdenes precisas.

–          Facilitar opciones ante situaciones de rutina.

–          Aplicar firmeza en las órdenes que les impongamos. Ej.: “Vete a tu habitación ahora” y no “¿por qué no te llevas los juguetes fuera de aquí?”

–          Acentuar lo positivo.

–          Guardar distancias. Ej.: “Son las nueve, hora de acostarse” y no decir, “quiero que te vayas a la cama”. Así el conflicto será entre el niño y el reloj.

–          Explicar el por qué de los malos comportamientos.

–          Sugerir alternativas. Ej.: “No te doy una galleta antes de cenar. Te puedo dar un helado después de la cena”.

–          Firmeza en el cumplimiento de las rutinas.

–          Desaprueba la conducta, no al niño.

–          Controlar nuestras emociones.

“Cuanto más expertos nos hacemos en fijar los límites, mayor es la cooperación que recibiremos de nuestros niños y menor la necesidad de aplicar consecuencias desagradables para que se cumplan los límites. El resultado es una atmósfera casera más agradable para los padres y los hijos”, afirma Shaefer.

 

FDO: Olga Quintanilla, periodista y madre.

 

 

¿Qué hacer ante las rabietas de tu peque?

Somos muchos los padres y madres que estamos preocupados por esa capacidad de nuestro hijo de montar en cólera por cualquier cosa, llorar, patalear, darse cabezazos, romper cosas, es como si nuestro hijo o hija, dulce, cariñoso, niña llorando tranquilo, se transformara en un ser terrible tan solo ante una palabra “no”, y otras veces sin ni siquiera la palabra, nadie sabe porque de repente se pone a llorar y claro está, nos desespera, no sabemos que hacer, unas veces nos “pilla más relajados” y lo manejamos, otras no lo soportamos y le chillamos, probamos de todo pero no funciona, el niño sigue transformándose. Y lo que más nos preocupa a los padres es que en ocasiones esa transformación del niño hace que como padre yo también me transforme y monte casi una rabieta, gritos, desesperación……etc. ¡que hacemos!

Límites y autoridad

Entre el año y medio y los dos años, el niño quiere decidirlo todo, se opone fácilmente y se niega a obedecer. No soporta la frustración. Corre por todas partes, lo toca todo, se muestra fácilmente provocador y desencadena así toda clase de situaciones difíciles de manejar para nosotros los padres. Ellos que soñaban con tener relaciones pacificas y razonables con su niño, se encuentran arrastrados a esta relación de fuerza, en la que tratan de evitar los escollos de la permisividad o los excesos de autoridad.

Los meses pasan. El niño continúa chillando cuando se le pide que deje sus juegos, subiéndose a la mesa o negándose a coger la mano para atravesar la calle. ¿Cómo hacer para que el niño obedezca sin pasarse de autoritarios y sin dejar que el niño decida todo?

Padres que saben lo que quieren

Es normal que el niño se oponga y saque de sus casillas al padre, pero es deseable que encuentre frente a el una voluntad superior a la suya que de pruebas de la firmeza necesaria. Aun cuando el niño proteste enérgicamente, el niño que tiene normas y limites se siente mas seguro y querido. La disciplina es completamente necesaria.

Pocas reglas, pero coherentes.

Las reglas son difíciles de aplicar, por tanto más vale atenerse a lo esencial. Exigencias razonables, respetuosas y de acuerdo con la edad del niño es garantía de éxito.
Poner muchas normas y saltárselas con frecuencia es peor que tener unas claras y siempre cumplirlas, salvo excepciones.

Explicar sin justificarse

Una vez definidas las reglas hay que aplicarlas. Primero explicarlas con palabras simples (“no se cruza sin dar la mano a mama, porque te puede pillar un coche. Es peligroso)
Repetirlas cuantas veces sea necesario. (recuerda, no se cruza sin dar la mano a mama) A esta edad la prohibición no admite discusión.
Aplicar las consecuencias. Felicitar y animar si obedece, reprobar si no lo hace (si tiras agua fuera de la bañera, te sales) y cumplirlo.
La calma es importante. Tener claro el limite o norma, la consecuencia y cumplirla sin gritos. A veces descontrolar hace que nos sintamos tan culpables que premiemos al niño por lo que nosotros hemos hecho y olvidemos lo que sucedió. (le gritamos y como nos pasamos y nos sentimos culpables, le comemos a besos y nos olvidamos porque gritamos: porque tiró el puré al suelo)

Sentirse queridos

Cuando nos enfadamos el niño a veces se siente no querido, es importante que el niño sepa que se le quiere pero que no nos gustan sus rabietas. El niño debe ser totalmente aceptado y respetado en sus deseos y emociones. Tiene el derecho de montar en cólera pero no de golpear a su hermana pequeña. Tiene derecho a que le apetezca comer un pastel pero no a chillar en la pastelería. Es esencial hacerle apreciar bien esta diferencia: a él se le quiere, pero no a sus caprichos.

Para saber por qué ocurren las rabietas echa un vistazo a este enlace http://5mimitos.com/por-que-ocurren-las-rabietas/

Si quieres consultarme algo, me puedes encontrar en: Ciparh San Gregorio

 

Bibliografía:

  • Bacus A. Preguntas al psicólogo. Edit. Salvat

  • Bowlby, J. (1993). La separación afectiva. Edit Paidós.

  • Caplan M. (2004) Tocar es vivir. Edit La Llave

  • Cubells, J.M y Ricart, S. (1999). ¿Por qué lloras?. Edit. Martínez Roca

  • Garth M. Luz de estrellas y Rayo de luna. Meditaciones para niños. (visualizaciones para ayudar a los niños a dormir bien, a no tener miedos….). Edit. Oniro

  • González C. (2010) ¡Bésame mucho!. Edit. Temas de Hoy

  • Grose M. Niños felices.. Edit. Oniro

  • Harrison S. (2002). La infancia feliz. Edit. La Llave

  • Revistas de “Ser padres”

  • Siegel J. y Hartzell M. (2005). Ser padres conscientes. Edit. La Llave.

  • White Burton L. No lo mimes, quiérelo. Edit. Aguilar