¿Qué mochila es la más adecuada para la vuelta al cole?

Como ya ha empezado el colegio y la guarde, tenemos que hablar de algo importante de cara a evitar futuras lesiones: la mochila de los niños.

En los últimos años se ha hablado mucho al respecto, y se acusa a las mochilas y los pesos excesivos que llevan en ellas, como causantes de los problemas de espalda que tan frecuentemente nos estamos encontrando en los niños. Hace dos años tuve la oportunidad de realizar un reportaje para la televisión acerca de este asunto. Para ello, fuimos a un colegio durante la entrada de los niños por la mañana, y lo que hicimos fue pesarlos a ellos y a sus mochilas. Lo que recomendamos es que no lleven una mochila con una carga superior al 10% de su peso corporal. Como ejemplo, un niño que pese 30 kg, debería de llevar una mochila de 3 kg máximo. Pues bien, después de pesar a cerca de 100 niños y sus respectivas mochilas, pude ver que, aunque muchas iban muy llenas, ninguno superó ese 10%. Entonces, la pregunta es: ¿realmente son los pesos de las mochilas los causantes de los dolores? La primera respuesta sería: no.

Fuente: http://wellnessforlifechiropractic.blogspot.com.es
Fuente: http://wellnessforlifechiropractic.blogspot.com.es

Pero también hablamos de la importancia de llevar la mochila colgada de los dos hombros, y no sólo de uno, como suelen hacer los niños. También insistimos en que son mejores las de carrito, para evitar esos pesos en la espalda. ¿Qué pude observar al respecto? Que la mayoría de los niños usaban mochilas de carrito, y los que la llevaban en la espalda lo hacían sobre los dos hombros. Entonces, ¿podemos echarle la culpa a esto? La respuesta, para mí, sigue siendo la misma: no.

Por lo tanto, y en mi opinión, hay un culpable de los dolores de espalda en niños y, sobre todo, en adolescentes, pero no son las mochilas, sino: los hábitos de vida sedentarios. Los niños ya no están toda la tarde corriendo en la calle o haciendo deporte, sino que cada vez, aunque es terrible, dedican más tiempo a las consolas, los móviles, las tablets y demás artilugios para jugar o escribirse con los amigos. Esto hace que estén sentados la mayor parte del tiempo en vez de ejercitando los músculos encargados de sostener su columna, que está en desarrollo, al igual que comienzan a sobrecargar excesivamente la región cervical por estar mirando hacia abajo continuamente, a cualquiera de estos aparatos.

Por los tanto, mi recomendación es: menos tecnología y más ejercicio. Si los padres, con su dedicación, han conseguido que los niños lleven mochilas de carrito, que no la lleven sólo en un hombro, que no la carguen demasiado, etc…ahora debemos luchar para que nuestros hijos dediquen menos tiempo a dejarse la vista, la espalda y la niñez pegados a una pantalla.

Fdo: Sergio De Magallanes, Fisioterapeuta y gerente de Centro Physios

Masaje vaginal

El otro día estuvimos viendo una introducción al masaje vaginal. Hoy vamos a ver cómo se realiza.

masaje El masaje consiste en aplicar un suave masaje con la ayuda de un lubricante vaginal en la zona externa de la vagina, los labios menores y   el periné (el espacio entre la vagina y el ano), así como en el interior de la entrada de la vagina, donde realizaremos unos movimientos circulares suaves, como si quisiéramos “abrir” esa entrada vaginal, para que la musculatura que la rodea se vaya volviendo elástica. En la zona del periné realizaremos presiones y movilizaciones del tejido.

 

¿Para qué lo hacemos?

Pues muy sencillo: para evitar un desgarro en el parto. Sí, es cierto que hoy en día se practican episiotomías preventivas, cosa que yo apoyo, puesto que es mejor realizar un pequeño corte previo al parto para agrandar el canal y evitar un desgarro, ya que el corte es controlado (aunque es un corte, sí).

Pero, ¿no sería mejor trabajar activamente durante el embarazo ese canal del parto? Así conseguiremos que cuando llegue el momento de la dilatación el médico vea que los tejidos son elásticos y no sea necesario cortarlos. Aunque no podemos que no se vayan a tener desgarros ni se tenga que hacer una episiotomía, sí tenemos datos que demuestran que un altísimo porcentaje de mujeres a las que no se les ha practicado la episiotomía ni han tenido desgarros se había hecho regularmente el masaje vaginal. Creo que merece la pena intentarlo.

 

 

 

¿Cómo aprender a hacerlo?

Es sencillo de realizar, no entraña una dificultad excesiva, y se lo puede hacer la mujer a sí misma o su pareja, cosa que es recomendable a la hora de favorecer el nexo de unión entre ambos en el proceso del embarazo; es una forma de darle un papel de ayuda a la pareja.

La mejor forma de aprender a hacerlo es consultar con un profesional o acudiendo a la consulta a realizárselo, aunque sea una primera vez, para disipar las dudas y los miedos que inicialmente existen.

Se comienza a realizar en las últimas semanas de embarazo, no tiene por qué haber una fecha clave, pero recomiendo un mínimo de 4 o 6 semanas antes del parto. Se realiza unos 5 o 10 minutos cada vez, no es necesario más, siempre con suavidad, realizando movimientos circulares, ligeras presiones y fricciones del tejido. Nunca debe de producir dolor.

 

 

Aquí tenemos otro complemento más para prepararnos para el parto; si nos ayuda, habrá merecido la pena el dedicar unos minutos al día a ello. Si tenéis alguna duda, podéis enviar vuestras consultas, y estaré encantado de ayudaros.

 

FDO: Sergio de Magallanes, Fisioterapeuta, especializado en fisioginecología, www.centrophysios.com

 

 

Nueva tienda online

 

 

Introducción al masaje vaginal

En las próximas semanas hablaremos sobre el masaje vaginal, para qué sirve, técnicas y beneficios. Hoy vamos a comenzar por una pequeña introducción general a este tema, a veces tabú pero muy importante en la etapa del embarazo y parto.¡Comencemos!

Si quisiéramos hacer una clasificación sobre cómo una mujer embarazada puede afrontar un parto saldrían, a mi juicio, dos formas: pasiva o activa.

Esto significa que se puede optar por dejar que la naturaleza siga su curso, hacer los controles adecuados y, finalmente, alumbrar un bebé, que es como se ha hecho desde el principio de la humanidad (excepto por lo de los controles…) o bien cuidarse un poco más, es decir, haciendo ejercicio durante el embarazo, no fumando, cuidando la alimentación, realizando los ejercicios de suelo pélvico, aplicándose crema para evitar las estrías… Personalmente, recomiendo la segunda, está claro.Silueta embarazada

Dentro de esto, existe algo que nos puede beneficiar en el momento del parto, y es el masaje vaginal. En la actualidad, cada vez se va hablando más acerca de este tema, y ya podemos encontrar estudios que apoyan su eficacia, pero también otros que parecen contrarios debido a la ausencia de pruebas que confirmen su utilidad. Creo que en este segundo caso no es que se dude de si realmente es positivo el masaje vaginal de cara al parto, sino que no hay datos suficientes para poder realizar un estudio en profundidad, puesto que todavía son pocas las mujeres que se lo aplican, y eso lleva a manejar unos datos poco relevantes.

Si os hablo de mi experiencia práctica, sólo puedo decir que es positivo, y ahora veremos por qué, y que, sobre todo, no es negativo, es decir, que en el peor de los casos, aunque no le hubiera servido de nada a la embarazada, no estaría haciendo nada dañino ni peligroso.

Veamos en qué consiste: como su propio nombre indica, es un masaje en la vagina. Con esto nos referimos, sobre todo, a la entrada de la vagina. Lo que pretendemos es facilitar a nuestro cuerpo la dilatación de la entrada vaginal en el momento del parto.

Anteriormente hemos hablado de la importancia de trabajar la musculatura del suelo pélvico antes del parto, para que dichos músculos sean más fuertes y más elásticos, y puedan así distenderse mejor para permitir la salida del bebé. Pues si a estos ejercicios les añadimos un masaje que dé elasticidad a los tejidos, favorezca el riego sanguíneo a la zona e hidrate la piel, pues sólo podemos encontrar una respuesta beneficiosa.

En mi próximo post, os contaré en más detalle en qué consiste el masaje vaginal.

Fdo: Sergio de Magallanes.  www.centrophysios.com

 

¿Qué puedo hacer para que no se lesione el suelo pélvico?

Embarazada comprobando relojUna vez visto todo lo que hemos contado acerca de lo “terrible” del suelo pélvico, parece que lo que podemos hacer para evitarlo roza lo imposible, lo complejo, lo desconocido. Pues bien, todo lo contrario, porque el arma de la que disponemos para evitar todas las patologías de las que hemos hablado está totalmente a nuestro alcance, es simple tanto de aprendizaje como de ejecución y sus resultados son claros. ¿Cuál es este remedio tan maravilloso?: el ejercicio. Pero no hablamos de cualquier ejercicio sino de un dirigido especialmente a esa área, y son los conocidos como ejercicios de Kegel.

Estos son una serie de contracciones de la musculatura del suelo pélvico, sobre todo del ya conocido músculo pubo-cocígeo. Mediante unos minutos al día, y pasadas unas semanas, podremos observar una clara mejoría en nuestro tono muscular. Para que nos hagamos una idea, los datos que manejamos hablan de que en un 80% de los casos de patología del suelo pélvico desaparecen los síntomas o remiten cuantitativamente. Cuando esta terapia la combinamos con la de conos vaginales o con las bolas chinas, que más adelante hablaremos de ello, entonces ese porcentaje se está elevando a un 90%. Eso sí, estamos hablando de patologías no quirúrgicas, ya que hay casos en los que la cirugía es el único remedio.

  • Ejercicios de Kegel: veréis muchos textos al respecto, con numerosos ejercicios, simples o combinados, lentos, rápidos, en diferentes posturas… Sí, es cierto que se puede trabajar de muchas maneras, pero a mí me gusta insistir en la sencillez y en la rutina, más que en la complejidad de las muchas posibilidades. Estos ejercicios consisten en realizar una contracción voluntaria del músculo pubo-coccígeo, y para saber cómo hay que hacerlo pensaremos que estamos orinando y “cortamos el chorro”. He dicho “pensaremos” porque podemos hacerlo una vez o dos para coger la sensación, pero NO debemos realizar estos ejercicios mientras orinamos, porque podríamos provocar infecciones, así como alteraciones en la función miccional. Entonces, consiste en contraer y relajar, así de simple. Vamos a ver de qué forma, ya que con 4 ejercicios es más que suficiente:
  1. contracciones lentas: contraemos todo el suelo pélvico durante unos 6 segundos, y descansamos los mismos 6 segundos. Repetimos esto muchas veces (digo muchas porque a medida que vayamos cogiendo fuerza, podremos ir incrementando el número). Es importante relajar entre contracciones, ya que un exceso de ejercicio sin relajación podría llevarnos a provocar vaginismo, entre otras cosas. No hay que ir todo el día contrayendo el suelo pélvico, hay que aprender a relajarlo.
  2. contracciones rápidas: hacemos lo mismo que antes, pero de forma rápida y rítmica, no manteniendo el suelo contraído sino buscando rapidez. Después de unas 20 contracciones, descansamos unos segundos.

En estos dos ejercicios, cuando ya llevemos un mes, mínimo, haciéndolos, podemos añadir un movimiento más, y es el de “empujar” el suelo pélvica hacia abajo, es decir, que contraemos y al relajar intentamos empujarlo al contrario, lo que nos llevará a ganar más elasticidad muscular. Pero esta modalidad no la haremos nunca desde el principio, porque si a un suelo pélvico débil lo empujamos, lo estaremos debilitando más.

  1. movimiento de ola: nuestro suelo pélvico no se mueve en bloque, debemos distinguir tres zonas de contracción: anterior (uretral), media (vaginal) y posterior (anal). El ejercicio consiste en empezar contrayendo la zona uretral, mantenerla así y contraer la vaginal, mantener las dos y contraer la anal, para proceder a relajar solo, la anal, luego la vaginal y, por último, la uretral. Así, haremos un movimiento como de ola, de adelante a atrás. Claro está, se puede invertir la dirección y, cuando estemos más experimentados, combinar las zonas, aprendiendo a notar cada parte por separado.
  2. movimiento de ascensor: este ejercicio, a diferencia de todos los demás, no lo podemos realizar los hombres, porque consiste en contraer los músculos de la vagina. Hay que imaginar un ascensor dentro de la vagina, de tal modo que vayamos contrayendo primero una zona, luego otra, luego otra… en sentido ascendente, y luego descendente. La mejor forma de llevar a cabo este ejercicio es introduciendo un dedo en la vagina para notar las diferentes zonas de contracción vertical. Además, en caso de no notar mucho, con el dedo podréis estimular las distintas alturas de la pared vaginal, de tal modo que os ayudará en la percepción de la contracción.

Con estos 4 ejercicios podemos conseguir mejorar, prevenir, aliviar, fortalecer… es decir, actuar sobre nuestro suelo pélvico. Podrán desaparecer las incontinencias, las evitaremos si no han llegado, mejoraremos las cicatrices de episiotomías, evitaremos disfunciones sexuales y mejorará la calidad de nuestra vida sexual… En definitiva, si todo es positivo…¿a qué estamos esperando?

Otra pregunta frecuente es: ¿durante cuánto tiempo tengo que hacerlos? La respuesta es simple: toda la vida. Hombre, dicho así, asusta, pero si pensáis en que debemos caminar, ir al gimnasio, nadar, hacer pilates, hacer estiramientos, etc, siempre, para estar sanos, y si lo dejamos de hacer nos vamos estropeando, pues lo mismo ocurre con los ejercicios de Kegel y el suelo pélvico. Eso sí, no es lo mismo al principio que cuando llevamos meses haciéndolos. El protocolo sería comenzar con unas 200 contracciones diarias (no, no es tanto, son unos 5 minutos), durante un mes, para pasar a 300 ó 400 al segundo mes (esto depende siempre del estado de la persona), y seguir así durante unos 6 meses. Cuando ya llevemos este tiempo, no será necesario hacerlo todos los días, sino que con dos o tres sesiones a la semana, será suficiente para mantener esa musculatura.

Y ahora viene lo mejor: no hay excusa para no hacerlos. Se pueden hacer de pie, sentados, tumbados, en casa, en el trabajo, todos juntos o a ratitos… Yo suelo recomendar coger rutinas como, por ejemplo, cuando enciendo el ordenador de la oficina hago 50 contracciones, o cuando caliento el café en el micro, o cuando me paro en un semáforo en rojo… Consiste en crear unas rutinas inconscientes, cómodas y, sobre todo, muy beneficiosas. Además, nadie tiene que notar que estamos haciendo esos ejercicios, porque no se mueve ninguna otra parte del cuerpo. Si movéis las piernas, glúteos, abdomen, etc… eso no es lo correcto.

  • Terapia de conos vaginales o de bolas chinas: los conos vaginales son, como su nombre indica, un surtido de conos de diferentes pesos, destinados a introducirlos en la vagina y que por un reflejo involuntario de la musculatura, se estimule la contracción muscular para evitar que el cono se caiga, con lo que estaremos fortaleciendo nuestro suelo pélvico. Son muchos los estudios que avalan su eficacia. Primero se comienza con los menos pesados, para ir aumentando de peso, lo mismo que con el tiempo, primero 5 minutos para llevarlos durante una hora o más, posteriormente.

Ahora bien, tenemos otra opción similar en eficacia y algo más económica, que son las bolas chinas, cuya función es la misma: introducirlas en la vagina para provocar esa contracción refleja. Son muchas las dudas que surgen sobre las bolas chinas: ¿no son un juguete sexual?, ¿no se venden en los sex-shops? Sí, ahí se venden, y en otros lugares, pero son un instrumento muy antiguo destinado a esa función, y que con el tiempo han caído dentro del mundo del juego sexual, lo cual no tiene nada de malo, pero su función principal es la que hemos comentado.

Por tanto, una buena terapia de ejercicios de Kegel y el uso de unas bolas chinas o conos vaginales significa un éxito seguro, aunque no sea con la desaparición total del problema, pero seguro que la mejoría es muy grande, y en el campo de la prevención es indudable su eficacia.

Deberíamos hacer también un inciso para comentar la Gimnasia Abdominal Hipopresiva, que también la utilizamos para fortalecer esta musculatura, pero hay que conocerla bien para aplicarla en casa, ya que es mejor que nos enseñe un profesional, inicialmente al menos. Por eso, hablaremos de este campo más detenidamente más adelante.

Con todo esto, podemos decir que hemos hablado de todo lo relativo al suelo pélvico que está a nuestro alcance, es decir, el conocer su funcionamiento y sus lesiones y, lo que es más importante, lo que podemos hacer para evitar las alteraciones del mismo. Aplicarlo es fácil, sólo requiere de un poco de dedicación por nuestra parte hasta coger el hábito. Si 10 minutos al día pueden solucionarme muchos problemas tan íntimos e incómodos…¿no merece la pena hacerlo?

FALDON PHYSIOS

 

¿Qué pasa cuando se lesiona el suelo pélvico?

Como continuación de mi post anterior, hoy os voy a contar ¿Qué pasa cuando se lesiona el suelo pélvico?Embarazada Sujetando su tripa

Para ver las consecuencias del daño sufrido en esta estructura muscular, tenemos que tener claros los tres grandes grupos en los que vamos a englobarlas. Estos son: Incontinencias, Prolapsos y Disfunciones sexuales. A medida que los vayamos desarrollando, me gustaría que fuéramos siendo conscientes de que ninguno de estos apartados es de poca importancia, ya que cada uno acarea una serie de problemas que deberían ser conocidos y, por tanto, evitados, en la medida de lo posible.

  • Incontinencias: todos hemos oído hablar de las incontinencias que, en la mayoría de los casos, llegan con la edad. Parece algo asumido que la mujer, quizá a partir de los 60, suele tener alguna pérdida de orina. Cierto es que está muy difundida la publicidad de compresas para evitar los incómodos momentos que una leve pérdida de orina pueda ocasionar. Son una gran ayuda, sí. Pero, si os dais cuenta, en esos casos estamos asumiendo que son pérdidas “leves” de orina. Y mi pregunta es: ¿y si no son leves? Es más, podemos preguntar también: ¿y si no sólo son de orina? Vamos a desarrollar todo esto.

Cuando hablamos de incontinencias urinarias, nos encontramos con distintos tipos según la causa o el modo de aparición, aunque el resultado sea el mismo. Existen las incontinencias de esfuerzo, de urgencia, de rebosamiento… Pero no quiero desviar la atención de la que más nos va a interesar debido al debilitamiento del suelo pélvico, y son las incontinencias de esfuerzo, es decir, aquellas que al toser, al reír, al saltar…hacen que se escapen una gotas. Bueno, no siempre son una gotas; hay mujeres que en un ataque de risa, pueden llegar a orinarse, completamente, encima.

Es verdad que muchas veces ocurre una situación así y la persona afectada se ríe más todavía, se le quita hierro al asunto, y parece que no ha pasado nada. Pero lo malo es cuando a una mujer le ocurre esto siempre. Si tiene tos, cada vez que alguien cuenta un chiste, cuando coge peso para mover o cargar algo… Creo que, como podéis imaginar, aquí deja de ser divertido. Sí, están las compresas, vale, pero cuando una mujer tiene tal incontinencia urinaria que no puede ni ir a un balneario con las amigas por miedo a tener un escape grande, eso ya empieza a condicionar la vida un poco más, con lo que traspasamos el plano de lo físico y nos adentramos en el emocional, donde una lesión puede llegar a provocar cosas muy serias como una depresión.

Por lo tanto, las incontinencias que toda la vida le han dicho las madres a las hijas: “ésta es una cruz que tenemos”, no deben de ser dejadas de lado… ¡ni deben de ser ninguna cruz que ha que llevar! (más adelante veremos cómo).

Antes he dicho que pueden haber incontinencias no sólo urinarias; entramos en otra área todavía más virulenta, en lo físico y, sobre todo, en lo psicológico, y es debido a las incontinencias fecales. A todo el mundo se le pueden escapar los gases en el momento menos oportuno, y eso no es ningún problema (unos minutos de vergüenza y arreglado), pero cuando lo que se escapa son las heces, creo que pocos comentarios necesitamos para darnos cuenta de lo que puede llegar a sufrir una mujer afectada por esto.

Por todo esto, espero que comprendamos que las incontinencias no hay ni que asumirlas como algo normal ni que dejarlas a la suerte de lo que el destino nos quiera traer. No, hay que evitarlas, y cuanto antes mejor.

  • Prolapsos: este término lo usamos para describir, hablando coloquialmente, cuando algo se mueve de su sitio. Es nuestro caso, nos encontramos con varias posibilidades de prolapsos:
    • De la uretra.
    • De vejiga.
    • De útero
    • Del recto.

Vamos a ponernos en situación: estamos hablando de que una o varias de esas estructuras abandonan su lugar natural para alojarse en otro sitio. Pues dicho así, no suena demasiado bien… porque es algo que no está bien. Imaginad los problemas que puede acarrear a la hora de orinar que la uretra se encuentre desplazada o aprisionada; imaginad si es la vejiga la que cae contra el útero y la vagina, o que el recto se prolapse hacia fuera… Porque no debemos olvidar que el suelo pélvico, en vuestro caso, está atravesado por esos tres orificios que comentábamos al principio: uretra, vagina y ano. Pues lo que ocurre con lo prolapsos es que la vejiga o el útero se pueden, literalmente, salir al exterior por la vagina. La primera vez que escuché a una mujer comentarme que cuando orinaba se le salía algo por la vagina y que ella se lo “metía para adentro” con la mano, imaginad cómo me quedé. Hoy, unos 15 años después de haberlo oído, lo sigo escuchando; y me sigue preocupando, no por la sorpresa, sino por lo grave que eso puede llegar a ser. Eso de “meterlo para adentro”, ya sea la vejiga o el propio útero, puede traer infecciones, podemos provocar una torsión que implique serios problemas, podemos organizar una buena, en resumen.

Para que nos hagamos una idea, quedaros con que la mayoría de las histerectomías (cuando que hay quitarle el útero a una mujer), no es por una enfermedad, un tumor, etc., sino por un prolapso, que ya no puede ser reducido por otros medios, y hay que terminar quitándolo. De hecho, son muchas las mujeres que usan el DIU no como método anticonceptivo (hablo de mujeres de mas de 70 años), sino como medio físico para sujetar sus órganos de cara a que no se prolapsen al exterior.

Con lo cual, este segundo punto creo que tampoco es para no hacerle caso, al igual que dijimos de las incontinencias.

  • Disfunciones sexuales: me han comentado en algunas ocasiones dando talleres de suelo pélvico, que, en comparación con los dos anteriores, es el más leve. Permitidme que os diga que es un error muy grande, porque las disfunciones sexuales traen consigo grandes depresiones e, incluso, rupturas de pareja, y ahora veremos porqué.

Tenemos que hablar de problemas como:

  • Dificultad de llegar al orgasmo
  • Anorgasmia: es la falta total de orgasmo.
  • Sequedad vaginal
  • Vaginismo.
  • Dolor durante o después del coito
  • Falta de apetito sexual.

Ha  llegado el momento de hablar de sexo: el debilitamiento del suelo pélvico hace que la comunicación nerviosa entre esos músculos y el cerebro sea “de mala calidad”. Entonces, eso produce una mala lubricación vaginal. No hace falta que os diga cómo es la penetración si la lubricación no es buena. Sencillamente, dolorosa. Por eso se insiste tanto en la importancia del periodo de excitación en las relaciones sexuales, porque preparan al cuerpo para lo que va a ocurrir después. Pero si tengo una alteración muscular que hace que no produzca suficiente lubricación, me enfrento a un problema serio. Además, la comunicación nerviosa con el músculo pubo-coccigeo es clave a la hora de trasmitir sensaciones placenteras. Sí, el clítoris es el principal encargado, pero si fallan los músculos, la estimulación de éste no va a ser suficiente. Si encima le sumo la sequedad vaginal, tenemos una relación sexual que duele, que es incómoda y que no consigue fácilmente, o nunca, que se llegue al orgasmo.

Por otro lado, nos encontramos con un alto número de mujeres que refieren dolor durante el acto sexual, dolor que llega a provocar que se detenga el coito por no poder aguantar. O también dolor que permanece después de dicha relación, y no unos minutos solamente, sino horas. Pensad, entonces, la ganas de tener sexo que una mujer con estos problemas pueda tener, lo cual conlleva, de nuevo, a trastornos psicológicos, ya que algo placentero, nexo de unión de la pareja, o mero disfrute físico, o cómo cada mujer lo quiera sentir, se convierte en un freno, una barrera que se llega a ver imposible de escalar. Y esto afecto, claro está, a la vida en pareja; si ella no quiere mantener relaciones sexuales (hay que entenderlo, obviamente), su pareja tampoco las va a tener, con lo que ya son dos los afectados… y os sorprendería saber el número de matrimonios o parejas rotas por este tema, únicamente. No es cuestión de juzgar ni culpar a nadie, sólo de evitar que ocurra.

El vaginismo es cuando la vagina se contrae tan fuertemente que no es posible la penetración. Esto es una consecuencia también del debilitamiento muscular, que puede provocar una respuesta totalmente contraria, y es la de un tono muscular demasiado elevado. También puede ocurrir debido a un exceso de ejercicios vaginales, que luego veremos, que provocan lo contrario a lo que buscamos. Otro motivo más para que las relaciones sexuales desaparezcan.

Llegados a este punto, creo que puede quedar claro que no es menos importante que los anteriores, en ningún caso.

Vistos estos tres grandes grupos, nos queda una cosa todavía más importante que conocer, y que es la clave de todo lo que deberíamos saber acerca del suelo pélvico, y es…¿puedo hacer algo para evitarlo? Afortunadamente, la respuesta es sí. mejor dicho: ¡SÍ!

Y esto es lo que vamos a desarrollar en el siguiente post, así que estar pendientes, que en breve lo publicaremos .

 

¿Por qué se lesiona el suelo pélvico?

Como continuación de mi post anterior, aquí os sigo comentando más información del suelo pélvico

¿Por qué se lesiona?:

Como era de esperar, no hay un mecanismo único de lesión del suelo pélvico, sino que son varios los factores que lo va a ir dañando a lo largo de la vida, y muchos de ellos ligados al propio desarrollo de la mujer. Por poner un orden, podemos englobarlos en:

  • Embarazo: el hecho de que se esté desarrollando una persona en el interior del útero hace que aumente la presión sobre el suelo pélvico, y esta presión irá siendo mayor a medida que se acerque el momento del parto. Hay que pensar que la mujer tendrá a un bebé de unos 3 kg, más una placentatripa de embarazada que llegará a los 500 gr, mas unos 2 litros de líquido amniótico, así, aproximadamente, cayendo encima de esa hamaca muscular que comentábamos en los primeros puntos.
  • Parto: este es el gran momento de sufrimiento del suelo pélvico. Como decía anteriormente, por un orificio tan aparentemente pequeño como es la entrada de la vagina, tiene que salir un bebé cuya cabeza supera, y con creces, el diámetro de dicho orificio. Para que esto sea posible, tiene que llevarse a cabo una dilatación que implicará una relajación del tono muscular de esos anillos que decíamos, de tal modo que perderemos la contracción “normal” de esos músculos a favor de la debilidad, todo para permitir el paso del bebé, pero que una vez alumbrado, no se recuperan tan fácilmente. Por poner un ejemplo, imaginad que corréis una maratón por la mañana y otra por la tarde, y así durante una semana. ¿cómo quedaríais?; pues así se queda el suelo pélvico de cansado después del parto…
  • Postparto: entonces, si lo he dejado muy débil después del parto…¿el postparto es malo? Pues bien, no es que sea malo este periodo como tal, sino que nosotros lo hacemos malo porque ni hacemos ejercicio para ayudarlo ni nos dedicamos a él en primer lugar. Es decir, que generalmente la mujer suele querer recuperar la figura pronto, y para ello suele empezar con abdominales, o a correr, o a hacer deportes que lo que hacen es debilitarlo más, por el aumento de la presión intraabdominal cuando hacemos ejercicios, por el golpeteo al correr, etc. Por eso, la primera recuperación que debeos hacer tras el parto es la del suelo pélvico; después vendrán las demás.
  • Menopausia: aquí si que no podemos hacer mucho. La menopausia lleva consigo algunos cambios hormonales que, entre otras cosas, provocan pérdida del tono muscular, y el suelo pélvico es uno de los grandes afectados.
  • Factores genéticos: entorno a un 10% de las mujeres tiene debilidad del suelo pélvico genética. Eso, al ser “heredado”, es algo que tampoco podemos evitar que nos pase. Pero, eso sí, podemos evitar que nos afecte, recordad esto.
  • Ejercicio: como decíamos antes, el hacer muchas abdominales, porque empujamos las vísceras hacia abajo, y lo debilitamos. O el correr, saltar, esfuerzos bruscos…
  • Factores varios: tocar instrumentos de viento (por ese aumento de presión), cantar (no por cantar en la ducha, sino cantantes profesionales), estreñimiento crónico, llevar pantalones muy ajustados…
  • Sobrepeso y obesidad: tener muchos kilo de más ya sabemos que no es bueno en general, pero para el suelo pélvico tampoco, porque estará soportando mucho más esfuerzo del que debe, como es lógico imaginar.

Estos son los puntos más importantes, aunque podríamos enumerar más, la lista. Sea como sea, los que más perjudican son los relacionados con el embarazo, porque afectan directamente a esa zona; y por culpa de la falta de información y por el abandono al que se ha visto sometido este tema por ser tabú durante años, nosotros mismos nos provocamos más daño aún, sin saberlo, claro.

En mi próximo post, os comentaré ¿qué pasa cuando se lesiona?

 

¿Qué es el suelo pélvico y para qué sirve?

tripa embarazadaHoy vamos a hablar de uno de los aspectos más importantes relacionados con el embarazo y que, por desgracia, ha sido el gran olvidado durante muchos años, por no decir siempre…hasta ahora. Nos referimos al suelo pélvico. Desde finales del s.XX nos empezamos a encontrar con que había más información acerca del suelo pélvico, sus funciones y sus alteraciones, así como su implicación en el embarazo. Hoy en día, aunque la información es cada vez mayor, seguimos viendo una gran carencia en este aspecto, ya que se sigue pasando muy por encima y no se le dedica la importacia tan enorme que tiene. Veamos por qué.

Para hablar del suelo pélvico debemos tener en cuenta varios puntos:

    1. ¿Qué es?
    2. ¿Para qué sirve?

Y en proximos post:

  1. ¿Por qué se lesiona?
  2. ¿Qué ocurre cuando se lesiona?
  3. ¿Qué puedo hacer para evitarlo?

Ahora iremos profundizando poco a poco en cada apartado, de forma clara, no pretendiendo que memoricéis estructuras anatómicas o nombres de patologías que luego se olviden, sino buscando la comprensión clara de cada aspecto para luego poder aplicarlo de forma práctica y que nunca se olvide.

1. ¿Qué es el suelo pélvico?.

Lo definimos como el conjunto de músculos que forman una pared horizontal que cierra el abdomen por debajo. Está formado por una serie de músculos que se dividen en varias capas o planos, siendo uno superficial, uno medio y otro profundo. No es necesario conocer cada uno de ellos, pero sí nos quedaremos con el nombre de uno, el músculo Pubococcígeo (o músculo PC, para abreviar). Este músculo va desde el pubis (parte anterior de la pelvis) hasta el coxis (parte posterior), y en ocasiones recibe un nombre algo menos serio, que es el del “músculo del amor”, debido a su implicación en las relaciones sexuales y el orgasmos, como veremos más adelante.

Estos músculos se ven “atravesados” por unos orificios naturales, que son la uretra, la vagina y el ano. Por ello, podemos decir que forman una serie de anillos que rodean a estos orificios (musculatura esfinteriana), siendo una estructura muscular que ha de permitir la “comunicación” con el exterior, por decirlo de forma sencilla.

2. ¿Para qué sirve?

La misión del suelo pélvico es la de formar una hamaca sobre la que se sustentan la uretra y la vejiga, la vagina y el útero (en las mujeres), la próstata (en los hombres) y los intestinos inferiores.

Debido al hecho que comentábamos antes de que tiene que permitir la salida o entrada del exterior, su función es también la de contraerse u relajarse a este efecto, sobre todo en el caso del parto, que tiene que permitir que salga un bebé por un orificio tan aparentemente pequeño, como es la vagina.

También hay que señalar que por efecto de la gravedad nuestras vísceras empujarán a nuestro suelo pélvico hacia abajo, con lo que está en permanente estado de tensión.

Es muy importante decir, llegado a este punto, una de las frases más importantes que debemos aprender en este tema, y es que nunca, hagamos lo que hagamos, nunca, y repito, nunca trabajamos el suelo pélvico salvo que lo hagamos de forma consciente. Es decir, que por mucho deporte que hagamos, nadar, correr, saltar, pesas, tenis… ningún ejercicio lo trabaja involuntariamente sino todo lo contrario, lo debilita si acaso.

Hasta ahora, espero que vaya quedando claro tanto dónde está situado como para qué sirve. En breve seguiremos con los siguientes puntos. Pero, lo que es mas importante es que lo ejercitéis sobre todo antes y después del embarazo.

Más consejos sobre el ejercicio durante el embarzo

Como os comentaba en mi post anterior, hay ciertos ejercicios que si se pueden hacer durante el embarazo y no son un riesgo para la salud del bebé.

Embarazada en chandal

Como la natación, el pilates y el yoga. En cuanto a la natación, es cierto que se comenta muchas veces que no es recomendable por las posibles infecciones que se pudieran coger. Pues bien, no hay que tenerlo en cuenta; es decir, sí se puede practicar la natación durante el embarazo, ya que el útero se encuentra protegido por el tapón mucoso, que es una barrera que se encarga de no dejar pasar a “nadie” hacia el interior del útero durante el embarazo. Obviamente, la higiene es muy importante, pero no por ir a una piscina pública va a ocurrirle nada al bebé. De hecho, cada vez son más las piscinas que ofrecen clases de natación para embarazadas. Y aquí hay que puntualizar un dato importante: no se debe nada al estilo “braza”, porque es un estilo que aumenta la curvatura lumbar, ya de por sí aumentado en el caso de las embarazadas, con lo que hay que optar por estilos de elongación de la columna, esto es, a crol o a espalda.
En cuanto al pilates, como no hay impactos y el ejercicio se fundamenta en la elongación de la columna, la movilización y la tonificación de la musculatura abdominal y de la espalda, pues se convierte en uno de los mejores amigos del embarazo, sin duda alguna, y se puede realizar durante todo el proceso, aunque llegará un momento, alrededor del 8º mes, en el que la tripa impedirá hacer la mayoría de los ejercicios, con los que será el momento de hacer una pausa.
En cuanto al yoga, ocurre algo muy similar, aunque es cierto que las posiciones adoptadas suelen ser más forzadas, y debe prestarse más atención durante el primer trimestre. Esto no significa que se deba dejar de hacer yoga en esa parte del embarazo, pero sí que no se realicen posturas muy forzadas y que compriman el abdomen, por la precaución de la que hablábamos anteriormente. Es decir, que con cuidado se pueden hacer muchas cosas, siempre atendiendo a que no debe producirse dolor realizando ningún ejercicio de ningún tipo. Si es así, hay que consultarlo con el ginecólogo.
Otra opción que tenemos es ir al gimnasio, donde lo mejor que podemos hacer para el ejercicio cardiovascular es correr en las bicicletas elípticas, ya que movilizamos todo el cuerpo pero no hay impacto contra el suelo, nuestros pies están siempre apoyados sobre las plataformas. Además, cuando una mujer está en su 5º o 6º mes, no se sentirá muy cómoda saltando y rebotando al correr, y ella misma se dará cuenta de que prefiere alternativas sin esos impactos del pie contra el suelo

En definitiva, se puede y se debe hacer deporte durante el embarazo, y a lo largo de los días iremos viendo que éste nos va a ayudar a sentirnos mejor, a estar más preparados físicamente para el parto, a facilitar la recuperación posterior, etc. Y hay un apartado que lo desarrollaremos por separado y ampliamente, y es el suelo pélvico, que necesitará de un entrenamiento exclusivo durante muchos meses por muchos y muy importantes motivos.

Ejercicio durante el embarazo

Si pensamos en una de las armas más importantes que tenemos para estar sanos, una de las primeras que nos vienen a la mente es el ejercicio físico. Gracias a este, nuestro sistema músculo-esquelético es más elástico, fuerte y resistente, nuestro sistema cardiovascular funciona mejor, nuestro estado general es más enérgico, somos más resistentes a las infecciones porque mejoramos el sistema inmunológico… En definitiva: es fundamental hacer ejercicio.Embarazada haciendo yoga

La pregunta, en este caso, es: y ¿durante el embarazo?. Pues igualmente, no hay que dudarlo, hay que hacer ejercicio. Lo que ocurre es que en este campo nos encontramos con muchas ideas y opiniones que, en ocasiones, se contraponen. Por ejemplo, si hay ciertos deportes que no se deben practicar, que si no es buena la natación por la posibilidad de coger infecciones, que si en el primer trimestre no se debe hacer deporte por riesgo de aborto… Pues vamos a intentar poner un poco de orden.

Lo primero es que el ejercicio hay que realizarlo durante todo el embarazo (y antes y después, claro está), y se puede hacer deporte durante el primer trimestre, aunque esto hay que comentarlo concretamente; el problema de hacer deporte y, por tanto, esfuerzos más bruscos, está en el hecho de que es la etapa más propensa en el embarazo a la hora de poder sufrir un aborto. Pensemos que cuando el espermatozoide y el óvulo se juntan, comienza la división celular que, tras una serie de pasos, dará lugar a un embrión que tendrá que “asentarse” en el útero, y es en este proceso donde ocurren la mayoría de los abortos, ya que puede ocurrir algo que impida ese asentamiento y, por tanto, se interrumpa el embarazo. Y ¿eso podría ocurrir haciendo ejercicio?; la respuesta sería: eso puede ocurrir por muchos motivos (algunos de ellos sin causa conocida), entre los que se encuentran los traumatismos. Un golpe fuerte podría producir un aborto, sí. Pero, para tranquilizarnos, tengamos en cuenta que hablamos de un golpe muy fuerte, y eso no es tan habitual (caída por escaleras, accidente de tráfico…). Es muy frecuente que una mujer embarazada se golpee en la tripa con algún objeto, se lleve un gran susto (cosa comprensible totalmente) y que todo quede ahí, ya que el embrión está absolutamente protegido por capas musculares, bolsa, líquido amniótico, etc.

Pero también es cierto que hay deportes más adecuados que otros, y la diferenciación es bastante sencilla: todos aquellos deportes de impacto son desaconsejables. Es decir, deportes como el esquí o las artes marciales, en los que se puede sufrir alguna caída brusca o impacto directo, hay que dejar de hacerlos, por precaución. Otros deportes como el tenis, el paddel o el baloncesto, a modo de ejemplo, en los que, pese a no ser bruscos, podríamos sufrir un golpe con una pelota, pues podríamos decir que están desaconsejados, pero no por la imposibilidad de hacerlos, sino por ese riesgo de un posible accidente. Esto parece que nos va reduciendo el grupo de deportes permitidos, pero siempre tenemos que verlo como algo preventivo y por la salud de la mamá y del bebé, aunque nos suponga dejar de lado durante unos meses nuestro deporte preferido. Los que sí podemos hacer son los que siempre recomendamos como saludables y no lesivos (si se hacen correctamente), y son la natación, el pilates y el yoga.

Y hoy hasta aquí, otro día continuamos con más consejos sobre el ejercicio durante el embarazo.

Cambios durante el embarazo

Tripita embarazadaEl periodo del embarazo es, sin duda alguna, uno de los momentos más importantes para la mujer, debido a los cambios físicos y psicológicos que va a experimentar, así como por la implicación emocional que conlleva el ser madre. Hoy en día, es un proceso muy controlado y cuidado, en el que se han minimizado tanto las complicaciones durante la gestación como las que rodean al momento del parto. Además, en las sociedades como la nuestra, la figura paterna va teniendo una influencia cada vez mayor, con una implicación directa en las pruebas médicas que se le harán a la madre, asistencia al parto, cuidados del bebé, etc.

Podemos decir que la mujer va a experimentar unos grandes cambios, que los dividimos en conscientes e inconscientes. Los primeros son los que corresponden a lo que llamamos “hacer nido”, y es la preparación de la ropa del futuro bebé, preparar la habitación con la cuna, el cambiado, la bañera, asesorarse en la compra de un buen carro (tarea nada fácil, por cierto), aprovisionarse de pañales y toallitas deshechables…Y todo esto, como decíamos, se realiza conscientemente. Estos “cambios” implican directamente otros inconscientes, que son los psicológicos; esto es: los procesos de pensamiento comienzan a modificarse, de manera que la prioridad pasa a otra persona que la mujer lleva dentro, y eso hace que cambie la forma de verse a ella misma (antes como mujer, ahora como madre), la percepción del entorno (ahora es más inseguro que antes), y una numerosa lista de ejemplos.

Con todo ello, todavía no hemos abordado los cambios más importantes que se van a producir durante el embarazo, y son los cambios físicos. El cuerpo, de manera inconsciente, va a prepararse para gestar a un nuevo ser humano, y todo ello sin la participación activo de la mujer. Pero la pregunta es: ¿seguro que es sin su participación?. Claramente: no. La mujer no tiene que pensar en: tengo que generar una placenta, tengo que ayudar a la división celular para pasar de un cigoto a un embrión, voy a concentrarme en mover mis vísceras para dejar más espacio para el feto… No, nada de esto es necesario, pero sí tiene que pensar en: tengo que alimentarme bien para que le falte ningún nutriente a mi bebé, tengo que moverme para mejorar mi circulación, tengo que respetar las recomendaciones del médico (no puedo beber alcohol, no comer jamón si he dado negativo en toxoplasmosis..). Es decir, que en los cambios inconscientes que su cuerpo realizará, hay una parte consciente muy importante. Y ya no solo de cara al bebé, sino de cara a ella misma, para minimizar tanto las complicaciones del proceso de la gestación . Y ¿cuáles son estas complicaciones?: sobre todo, la retención de líquidos y las varices, los dolores de espalda y ataques de ciática a medida que crece la tripa, el debilitamiento del suelo pélvico (cosa de la que hablaremos largo y tendido), la dilatación de la musculatura abdominal y su posterior debilitamiento, las fascitis plantares (patología que produce mucho dolor en las plantas de los pies)… Es decir, que hay que cuidarse porque, aunque sea una etapa maravillosa de la vida, no todo es un camino de rosas.

El resumen de toda esta parte es muy sencillo: mi cuerpo lo va a hacer todo por mi bebé, pero: ¿qué puedo hacer yo por mi cuerpo?; es decir: ¿qué puedo hacer yo por mí?.