Ambiente familiar del niño celoso

En el anterior post os expliqué en qué consisten los celos, las posibles causas de celos entre hermanos, su proceso evolutivo y los signos identificativos del niño celoso, desde el punto de vista del Dr. Banús, psicólogo infantil. En este contexto también hay que atender a los estilos educativos de los padres así como el ambiente familiar en el que viven los hermanos.

En los hogares en los que el estilo es abierto y comunicativo, está exento de comparativas y se caracteriza por existir una igualdad de trato adecuado a cada edad, es decir, cada hermano recibe la autoestima necesaria, se producirán menos probabilidades de que se propicien los celos. Así lo afirma el Dr. Banús. Sin embargo, cuando se produce una atención asimétrica, o lo contrario a lo comentado es más que probable que se produzcan estas actitudes. “Sucede que hay niños más extrovertidos, alegres o con mejores recursos sociales que suelen acaparar la atención con mayor facilidad que alguno de sus hermanos- asegura este especialista- Es normal, en estas situaciones, que estos niños reciban de forma natural mayor atención de las otras personas”. Según apunta, algunos estudios avalan la hipótesis de que cuando existe una buena relación afectiva padre-hijo antes del nacimiento del hermano, se minimiza el riesgo de conflicto posterior con la madre, motivado por los celos.

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Pero atención, este doctor también llama la atención sobre el “factor de riesgo” que puede desencadenar el estado anímico y emocional de una madre tras el parto. Y es que los cambios que se producen en las mujeres por cansancio, estrés post-parto o incluso depresión, entre otros, pueden llegar a afectar negativamente al niño porque puede relacionar todos estos cambios con la llegada del bebé. Así que mucho ojo con estos detalles y tratad de “suavizar la situación” si os encontráis en este caso.

El ambiente familiar

En relación con los factores ambientales, conviene saber que los niños que en su primera infancia han sufrido carencias afectivas como malos tratos, agresiones, o abandono, entre otros, pueden desarrollar a medio o largo plazo, aunque el ambiente se haya “normalizado”, una sensibilidad especial hacia la necesidad continua de atención. Esto supone “poca tolerancia a compartir su espacio con otros y, por tanto, a desarrollar conductas celosas de diferente índole”, apunta el Dr. Banus. Tampoco conviene posicionarse en el otro extremo pues la tolerancia diez también puede ser contraproducente y provocar desajustes que deriven en episodios celosos.

En opinión del especialista en Neurología y Psiquiatría, doctor en Medicina y diplomado en Psicología Clínica, Aquilino Polaino “hay padres que se siente culpables por el comportamiento celoso de algunos de sus hijos. Aunque en algunos casos esto es así, los padres no deben sentirse necesariamente culpables por ello. Deben preocuparse más de prevenir o encauzar estos comportamientos. Ante el niño celoso, los padres no deben adoptar ni una actitud permisiva ni estrictamente represora”. No obstante, se deben seguir unas pautas para saber corregir estas conductas pues de lo contrario, “los padres enseñarán a sus hijos a odiar a sus rivales.  Los niños entenderán que ciertos sentimientos de envidia y odio pueden estar justificados; que compararse con los demás es lo normal y que descalificar al compañero porque tiene más o menos habilidades que nosotros es algo corriente”, explica Polaino. Pero también hay que descartar una atención machacona por parte de los padres ante el problema, lo que prolongará una conducta que tal vez pudiera ser puntual.

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Estrategias ante las actitudes celosas

La estrategia a seguir debe ser común entre los padres y los familiares más próximos. El Dr. Banús nos hace las siguientes puntualizaciones para minimizar las conductas entre hermanos.

 

–          Establecer un equilibrio en el trato a los diferentes hermanos sin evidencias de trato de preferencia.

–          Siempre resulta más eficaz destacar los aspectos positivos que los negativos.

–          Ante las conductas celosas por rabietas, desobediencia o negativismo, etc., puede aplicarse la retirada de atención o alguna de las técnicas conductuales que se emplean en la modificación de conducta.

–          Aumentar el tiempo en actividades y juegos de toda la familia.

–          Responder con sosiego a los episodios celosos sin recriminarle e informándole de nuestra decepción por su comportamiento y dejar de prestarle atención. Razonar no siempre funcionará. Debemos entender su conducta como un malestar y no desde la perspectiva adulta.

–          Si los celos son de un hermano mayor hacia uno pequeño, resulta útil recordar “sutilmente” las ventajas de ser el mayor. Si los celos son de un niño de 3 o 4 hacia un recién nacido, destacar las bondades que supone poder ayudar a los papás en los cuidados hacia el bebé.

 

FDO: Olga Quintanilla, periodista y madre.

 

 

 

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